La distancia entre lo que eres y lo que muestras
En el año 2000 se podía ser alguien en la oficina, otro en casa y otro los viernes por la noche, y la geografía se encargaba de que esos mundos no se tocaran. Hoy el teléfono los reúne todos, y la máscara que antes protegía dejó de servir. La pregunta que queda no la inventó ningún algoritmo: ¿lo que muestras al mundo se parece a lo que eres, o llevas tanto tiempo editándote que perdiste el original?
El sistema de la insatisfacción.
Nadie te dijo que ibas a terminar así. Conectado a todo y presente en nada, ocupado sin descanso y sin saber exactamente para qué, rodeado de gente en la pantalla y profundamente solo cuando apagas la luz. No es una falla de carácter ni una debilidad personal. Es el resultado previsible de vivir dentro de un modelo que no fue diseñado para que estés bien, sino para que sigas consumiendo.

